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Notas para un debate
Por: Jesús Delgado Burgos
19 de mayo de 2006.
3:48 p.m.
“No me voy a desvincular de lo abierto.
Vivo, como yo soy, mojado de intemperie
Hasta los huesos…”
Hugo Margenat, “Intemperie”.
En las pasadas semanas se ha generado un debate a la mar de interesante, imprescindible y necesario para el movimiento de izquierda revolucionaria y organizaciones progresistas no gubernamentales en Puerto Rico. El debate no es nuevo y nos retrotrae a los mismos debates de la década de 1970 acerca de la construcción del partido de los trabajadores, el binomio partido-sindicato, el papel de las organizaciones de izquierda en los procesos de lucha en períodos de crisis sociales o coyunturales y los paradigmas de la crítica-autocrítica entre los revolucionarios. Aunque no es un debate nuevo, el contexto coyuntural en que se desarrolla nos impone la obligación de asumirlo. Como se diría en los años de la Revolución Cultural China “que cien flores se abran y compitan cien escuelas”.
Como resultado de varios apuntes, escritos y comentarios a mensajes que he enviado relacionado con la crisis y momento coyuntural del movimiento obrero y las elecciones internas en la FMPR, se han publicado algunas reacciones a los mismos o a posiciones públicas que he asumido. Uno de los aspectos está relacionado con la crítica pública a dirigentes u organizaciones en momentos de lucha. Al leer algunos de dichos escritos, surge como uno de los puntos focales la esencia misma del problema de la crítica. Esto entraña un debate acerca de la democracia socialista, el uso de los medios, el discurso acusatorio y la condena de quien no piensa igual que los demás.
Me he insertado en ese debate y voy a continuarlo. Lo que sigue es más adelante lo envío cual si fuera un prólogo a lo que trataré de remitir en días subsiguientes. Aunque no fue escrito para el debate mismo, lo comparto por aquello de comenzar un debate de manera diferente. Es una serie de tres poemas escritos en tiempo y espacio diferente. Los primeros dos trabajan el problema de la censura y el tercero es mi propia acusación de los demás. A partir del tercero dejaré conocer mis ideas.
Mea culpa
Ahora resulta
que la palabra,
el verbo al natural;
los lugares conquistados
como la canción antigua
de los versos nuestros
tiene lindes y fronteras,
su pase de cortesía,
pasaporte con retrato,
carta de presentación,
acta de nacimiento,
licencia de conducir,
cédulas y privilegios.
Ahora resulta
de buenas a primera,
luego de la caída
del Muro de Berlín;
y antes de la visita
de su Santidad
que nuevamente
los niños hablan
cuando las gallinas mean.
Ahora resulta
que la boca lleva puesto
su candado,
sus rejas y cadenas,
su grillete y mortaja
de un tiempo pasado.
Ahora resulta
de principio a fin
que puedo pedir permiso
si estoy pensando.
George Orwell la predijo:
el hermano grande
es tal vez
un Dios sagrado.
Jesús Delgado Burgos
Junio de 2000.
©
II
Diga usted
Dejadme la palabra enternecida,
la clara, dulce y transparente;
la voz sublime
del primer suspiro
de un niño al salir
de su regazo;
la humilde -pero no sumisa-
alegre, altiva, honesta, irreverente;
que no se filtre por ningún cedazo;
sin cadenas o fronteras:
¡libre!
que no la amarra
¡jamás!
ningún saludo,
ni la doblega algún abrazo;
la consciente y la no cautiva
la voz que afirma sus espacios.
Dejadme transitar y navegar
y sumergirme
en las aguas cantarinas,
turbulentas y tranquilas;
en las ondas y las olas movedizas
del abecedario.
Jesús Delgado Burgos
Junio de 2000.
©
III
YO ACUSO
A: antiguos colaboradores y
amigos de ruta.
Yo,
con
toda
la ira
contenida
en las pupilas,
con toda la rabia
agitada en la
conciencia,
con toda
la sordina
dibujada
en la palabra
por no se cuánto tiempo.
Yo,
mortal
como cualquier hijo de vecino,
consensualmente casado,
jardinero de tres flores sin espinas
ni pruebas de adn por si acaso,
amigo por demás
de quien sabe ser amigo,
peregrino de Santurce
a Naranjito en otro tiempo
y transeúnte cotidiano en tiempos idos
desde Las Monjas hasta Barrio Obrero;
católico confeso cuando niño,
izquierdista rabioso siendo joven
marxista-leninista un poco más adulto
eterno guevarista en este tiempo,
camarada y compañero de la vida,
aprendiz de bohemio con sus noches
y artesano de poemas a retazos.
Yo,
en este susodicho pliego vuestro,
irreverente, destemplado,
mortífero, inclemente,
con toda la ira contenida en las pupilas,
con toda la rabia agitada en la conciencia
y por derecho propio
acuso:
al gendarme asesino de mi pueblo y otros pueblos
que vomita la sangre y muerte de la parca
que decapitó la poesía de Neruda,
que cercenó las manos y la voz
de Víctor Jara;
a las manos que halaron el gatillo
en las calles de Granada
y en cada calle de España
cuando mataron al poeta
y la sangre salpicó la fuente
de aquella niña del agua;
a la noche de Julia sin su río
que le entregó su número
para la eterna mortaja;
a la mar que se llevó Alfonsina
con su última canción
de poemas y romanzas;
al carcelero que festeja sus orgías y torturas
sobre una pirámide humana;
a quien negó a Jesús
tres veces y una más
antes y después
de que cantara el gallo;
al mercenario de la información,
traficante de engaños y mentiras
que secuestra la verdad con su palabra;
al que camina
la vereda sin espinas
pero se espanta y se esconde
en senderos clandestinos
cuando el lodo que amenaza el rostro de un amigo
salpica su camisa almidonadamente blanca;
al párroco, ministro y misionero
que busca la indulgencia
desde el púlpito
con las treinta monedas
de una repetida parábola;
y al que niega un abogado
cuando se emite una declaración jurada.
En este susodicho pliego irreverente,
sin sello notarial,
ni testigo de reputación,
Yo acuso.
Ponga usted el santo y seña,
emita el veredicto;
sin cargo de conciencia:
Jesús Delgado Burgos.
1ro. de mayo de 2004.
©
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